Quería, en realidad, que todo fuera mentira y enigma, fantasía e ilusión, de manera diferente como me contemplaba delante de los espejos (Marta dibuixa ponts)
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Prólogo

(a cargo de Isabel-Clara Simó)

Carles Cortés inicia con Voz de mujer su carrera como narrador, y ya podemos predecir que será una carrera larga e intensa, porque es evidente que tiene muchas cosas en el buche y la destreza suficiente para transformarlas en literatura.

El estilo de este primer libro es, siguiendo a Bajtin, el del “dialogismo oculto”, también llamado “monólogo dramático”, en el que sentimos una voz que dialoga con otras que permanecen ocultas. No es un recurso fácil porque tiene el peligro de caer en la monotonía, peligro que Cortés evita con toda brillantez, ya que el rasgo más destacable de esta novela es su amenidad.

Lo que más sorprende es la edad y el sexo de la narradora-personaje. Para la gente muy primaria, la protagonista de una historia es un alter ego del autor, lo que a menudo desmiente la historia de la literatura: en cambio no es nada primario ver que la edad del / de la protagonista suele coincidir con la del autor. El mismo Joan Fuster lo hacía , en uno de sus libros de brillantes reflexiones. No sé si por llevar la contraria a una tradición, Cortés se transmuta en una mujer y además anciana, y tiene la gracia de hablar como una mujer mayor. Sólo por eso, ya merece nuestra atención.

Pero es que además la historia está ligada con una admirable destreza; estoy convencida de que, además de la intriga de los acontecimientos narrativos, las expectativas del lector se sustentan en la fluidez de la prosa. No en vano Cortés es un buen conocedor de la literatura y un estudioso de sus secretos.

Dicen que todo está ya escrito, que las historias que podemos “inventar” ya han sido inventadas y que, a estas alturas de la historia, el máximo a lo que podemos aspirar es a contar las mismas historias con palabras nuevas. No lo sé: creo que una admonición como ésta seguramente se la hacían los griegos clásicos, y desde luego los romanos, que a menudo se exclaman que a los griegos ya se lo han dejado todo hecho. A mí me da la impresión de que la narrativa es algo más que el argumento, que, de hecho, el argumento no es más que uno de sus ingredientes, y no precisamente el más importante. Y, aún más, un argumento ya conocido, tratado por un buen escritor, es completamente original, y tienes la más viva impresión, al leerlo, que estás leyendo una historia nueva de pies a cabeza.

Tengo el convencimiento de que el secreto está en el tono, y en el ritmo, y en una especialísima temperatura, y en el punto de vista del narrador o del personaje, y en la arquitectura con que se ha montado la obra. Pues bien, además de tener un argumento interesantísimo-de aquellos que no puedes dejar, que hace que quieras saber qué más pasará-, Voz de mujer posee la virtud de tener una arquitectura sólida, un tono confidencial perfectamente apropiado, un ritmo ágil y un punto de vista coherente. Y una temperatura alta, ventilada sin duda por aroma salobre y cargada de humedad marina: una temperatura mediterránea.

Carles Cortés inicia su aventura narrativa con muy buen pie. Seguro que nos dará muchas y muy agradables sorpresas en el futuro, un futuro larguísimo, dada su juventud.