Quería, en realidad, que todo fuera mentira y enigma, fantasía e ilusión, de manera diferente como me contemplaba delante de los espejos (Marta dibuixa ponts)
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Sara, la mujer sin atributos

saraCuando Sara cumplió los cincuenta años, decidió que cambiaría de vida. Había dejado el trabajo como intérprete y quería concentrarse en nuevos proyectos más enriquecedores. Dudaba de qué camino elegir. Pensó en hacer una nueva traducción de la obra más conocida de Robert Musil, El hombre sin atributos, pero un día, leyendo el periódico, encontró un anuncio sugerente al que no se pudo resistir. Un joven de veinte y cinco años, que se presentaba con el nombre de Gabriel, se ofrecía para hacer masajes. «Dale una alegría a tu cuerpo de mujer», pregonaba. A partir de una llamada, se inicia una relación compulsiva y absorbente entre Sara, que busca un sentido a su vida, e Ismael, el auténtico nombre del joven universitario que se prostituye para pagarse los estudios.