Quería, en realidad, que todo fuera mentira y enigma, fantasía e ilusión, de manera diferente como me contemplaba delante de los espejos (Marta dibuixa ponts)
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El hombre es un gran faisán en el mundo

9 Marzo 2010 | Autor: carles | Categoria: Quadern - Lectures | Tags: , , , , , , | Sense comentaris »

muller-faisàHerta Müller, El hombre es un gran faisán en el mundo, Alzira, Bromera, 2009, 1986

El primer libro que he leído de la premio Nobel de 2009 nos ofrece un relato breve fragmentado en cincuenta y tres capítulos de gran brevedad y expresividad. Una voz procedente del campo de la Rumanía germana, de donde es originario la escritora, que plantea, un año antes de su exilio definitivo en Alemania, la realidad paupérrima de este entorno. Con un silencio minucioso, el lector conocedor de la presión política del dictador Ceausescu puede entrever la velada crítica sobre esa realidad.

La novela se huele como huelen las historias de Centroeuropa de Thomas Mann o de Vassili Grossman. Y más aún Los días contados (1934) de Midlós Bánffry, que conocía tan bien el mismo espacio que  Müller. En esta ocasión destaca, sin duda, el grado de sugerencia y de condensación de unas historias en minúsucula que en su conjunto nos aportan una atmósfera asfixiante, desesperada, de un hombre, Windisch, que no consigue huir de su condición de fracasado. Si la temática abordada no fuera tan sombría y oscura, podríamos hablar de una prosa lumínica, en tanto que la escritora ofrece en imágenes una gran cantidad de reflexiones y de paisajes que retratan un momento clave de la historia europea contemporánea. Windisch, hombre de pocas palabras, ofrece algunas de las afirmaciones, junto a los personajes extraños que lo rodean, más impresionantes de la novela: “El hombre es fuerte, más fuerte que las bestias” (pág. 10) . Todo ello, como expresión de la resignación del sufrimiento que sienten, una expresión que remite al título del libro, una comparación que ofrece la imagen más animal del ser humano.

Otras expresiones de la resignación son la confirmación de la falta de cambio, a través de la percepción “el tiempo se ha acabado”(pág. 23), que lo lleva a concretar “el tiempo no tiene agujas. Sólo giran las manchas negras. Se persiguen. Se empujan para salir de aquella mancha blanca. Resbalan por la pared y se convierten en el suelo.” (Pág. 24). La crueldad de aquella sociedad-marcada por la expropiación forzosa de las tierras a los agricultores-provoca la concreción de la metáfora que se convierte en símbolo de que el manzano de atrás de la iglesia “se comía sus propias manzanas” (pág. 38). Una especie de Saturno devorador de los hijos que permite entender al lector el grado de desesperación de los habitantes de aquella tierra. Un retrato en blanco y negro de una sociedad que mantiene la firmeza por un futuro en colores. Una prosa incisiva, minuciosa, que atrapa al lector desde el primer momento.



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