Monsieur Monsieur o El Príncipe de las Tinieblas (El quinteto de Avignon)
6 Enero 2010 | Autor: carles | Categoria: Quadern - Lectures | Tags: 1974, anglosaxona, cal·leidoscòpica, Lawrence Durrell, novel·la, psicològica | Sense comentaris »
Monsieur o El Príncipe de las Tinieblas (El quinteto de Avignon, I), Lawrence Durrell, Barcelona, Ed.. Versal, 1986 (1974)
Inquietante. Historia dentro de historia. Relato infinito donde el lector puede realizar las interpretaciones que considere. Todo esto, es obvio, puede dificultar su inteligibilidad y desviar la atención. Eco inherente a otras novelas de la serie, con Sylvie, Akkad, Livia …, con Aviñón, Alejandría y el mundo mediterráneo como trasfondo del segundo libro que he leído del quinteto. El último capítulo, construido con la intención de cerrar la historia o al menos de crear las últimas líneas interpretativas, ofrece la desnudez de un escritor de ficción-un alter ego del propio Durrell? -, El Blanford citado en la ficción dentro de la ficción del escritor Rob Sutcliffe como Bloshford, que remite a varios enlaces de otras novelas de la serie.
Siempre se ha dicho que Durrell quería que los cinco libros se pudieran leer con independencia y sin un orden concreto-no hay en absoluto una correlación delimitada, ni por sí mismo, ni por la crítica-. Sin embargo, es obvio que el lector busca los puntos en común, los personajes latentes, las historias represas. Este es el juego del autor: hacer realidad lo que en realidad es mentira. Esta es la base de la literatura, de la novela como género, y Monsieur no es ajeno a este objetivo. Una novela en la que se entrecruzan varios personajes que viven un tiempo en un castillo de origen templario en la Provenza,en Verfeuille. Una interacción marcada por los lazos afectivos y de consanguinidad: los hermanos Bruce y Pia, casados a su vez con Sylvie y Rob Sutcliffe, respectivamente. De igual manera, toma fuerza el personaje que se suicida y marca la evolución del relato, Piers, el hermano de Sylvie, marcado profundamente por la secta gnóstica que tiene su centro de operaciones-con el guía que se convierte Akkad (pág . 142) – oasis de Macabru, en Alejandría: “era un adorador del Dios de los templarios. Creía en el usurpador del trono, el Príncipe de las Tinieblas. “(Pág. 31). Unas referencias explícitas al título que encuentran varias matizaciones más adelante (pág. 221).
La novela es rica en perspectivas y voces narrativas, de toda índole: ahora se centra la historia en el médico Bruce, ahora en el escritor Sutcliffe, ahora en el doctorando sobre los templarios Toby Goddard … Todo ello para constituir una historia de reflexiones sobre la naturaleza humana y las interrelaciones de ésta con las fuerzas de la naturaleza: “lo que en realidad muere es la imagen colectiva del pasado, todos los yoes temporales que han estado presentes, de una forma consecutiva, juntos ahora en un instante de atención perfecta, de aprehensión clara como el cristal, que podría durar siempre si uno lo deseara. “(pág. 17).
Uno de los personajes más sugerentes es el de Sutcliffe. Así, antes de escuchar su propia voz en los “Documentos venecianos” del tercer capítulo, conocemos su degradación-agravada por la huida de su esposa, Pía, con su amante, la mujer de color Trash-previa al también suicidio, con la escabrosa descripción de su decisión de no lavarse y disfrutar de las costras de orígenes y otros fluidos corporales (pág. 18). A partir de las notas que deja escritas, encontramos otra pauta de reflexión: “La identidad es la frágil sugestión de coherencia con que nos vestimos. Es a la vez ilusoria y muy real, y muy necesaria para la felicidad, si es que la felicidad es realmente necesaria.”(Pág. 89-90). En sus cuadernos podemos leer sentencias como las siguientes:
* Hoy la muerte es un limbo poblado por vivos. (pág. 221)
* Un crítico es una lombriz en el hígado de la literatura. (pág. 260)
* Observó con disgusto que el suicidio era en realidad demasiado doloroso, y abandonó la idea durante algún tiempo. Luego, como una fruta azulada, la melancolía empezó a crecer de nuevo. (pág. 258)
Otro personaje de interés es su esposa, Pía, quien conserva durante muchos años de matrimonio una caja secreta que no deja ver al marido. Allí hay muñecas y otros trastos de la infancia, cuando él las descubre, se rompe el equilibrio: “Había profanado la realidad interna de su lejana infancia.”(Pág. 224). Así, muestra conductas peculiares como “nunca podía pasar toda la noche en cama con un hombre, tenía que levantarse e ir a otra cama después de hacer el amor.” (Pág. 225). Con su amante Trash, con quien viaja por los mismos lugares donde había estado con el marido, hay descripciones sugerentes como esta: “El cuerpo de Trash huele como una tarta nupcial.” (Pág. 237).
En resumidas cuentas, Durrell nos ofrece un nuevo capítulo de su obra última, de su testamento para aquellos que hemos querido reencontrarnos después de El cuarteto de Alejandría, en un relato donde se esconde en todos y cada uno de los personajes. La multiplicidad de perspectivas y de pensamientos, en su conjunto, responde al debate personal de un autor que pone fin a su bagaje emocional e intelectual. Este es el mérito y el talento del escritor y su obra. Y nosotros, testigos y herederos de su manía.
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