El coleccionasta de hadas
18 Junio 2009 | Autor: admin | Categoria: Quadern - Lectures | Tags: 2009, Josep Ballester, metaliteratura, novel·la, psicològica | Sense comentaris »Josep Ballester, El coleccionista de hadas, Alzira, Bromera, 2009
El formato, francamente, seduce. Es una novela bien construida y sugestiva, pero le falta la garra, la fuerza que uno espera cuando abre un nuevo libro. Acierto del jurado, aunque le falta el espíritu que curiosamente busca el mismo protagonista. Una recreación ficticia del mundo de Lewis Carroll que, sin duda, ofrece los límites entre lo que sería la creación de un mundo para niños y las obsesiones de los escritores, como el misterioso protagonista del diario que constituye la novela.
Las reflexiones del pederasta-un experto “en hadas” (pág. 148), como dice él mismo-, a la manera de Delitos de amor (2000) de M. Mercè Roca te hacen entrar en la mente del enfermo: “Ahora me transformaría en un depredador. ¿Lo soy?” (Pág. 30). Unos dudas y remordimientos lógicos en un personajes que es diácono de la iglesia anglicana y que valora enormemente la rigidez moral de la reina Victoria. Al igual que en la historia de Roca, como lector, te adentras y comprendes el complejo mundo de la persona que se siente atraída por menores sin que éstos consideren su acción como un delito. Seguramente, lo que necesita el lector de libros como éste es no sólo una comprensión sobre el personaje, sino una reflexión más punzante sobre cómo es posible esta situación, esto es, un mensaje más crítico y directo contra estas actuaciones de las cuales sólo se transmite una bella descripción incompleta.
Fragmentos de gran poeticidad como “La memoria puede recurrir a algunos recuerdos cincelados sobre la piedra de mi dermis” (pág. 33). Al igual que las constantes referencias al “otro lado del espejo” que nos reubican, sin duda, en el universo del escritor Lewis Carroll y en la relatividad de las concepciones de las conductas humanas: “los libros que escribo están al otro lado del espejo “(pág. 82). A pesar de todo, las descripciones sobre el placer de la lectura (pág. 186) y la voluntad de dirigirse a un posible lector (pág. 197) del diario novelado se convierten en una especie de juego metaliterario que atrae, sin duda, el lector.

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